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No es por mala educación...

Dicen que hablar de dinero es de mala educación. Pero en esta ocasión, dejaremos a un lado las buenas costumbres para hablar precisamente de números y adentrarnos en una realidad: la vivienda media en Yucatán, con precios promedio de un millón y medio de pesos, se encuentra, lo decimos sin rodeos, en vías de extinción. Las constructoras que en algún momento ofertaban este tipo de vivienda residencial empujados por la demanda exponencial que vivimos en los últimos años, han optado por abandonar este tipo de obras al constatar que el negocio rentable del pasado (y al tener un margen de acción muy limitado durante el paro obligatorio en la pandemia), desafortunadamente ya no lo es más. Pero ante todo, al haber agotado su inventario existente, escuchamos a los líderes en el mercado, decir que es imposible desarrollar vivienda a esos precios, al menos con la calidad, ubicación y estética de antes, claro está.

La nueva normalidad implica un arma de dos filos: si bien habrá residencias de mayor nivel, el enorme riesgo es una contracción en las compras por la falta de recursos del consumidor. Hablando de que el “re ajuste” en los precios de vivienda media al menos serán el doble que en años anteriores, será un reto para los constructores el no parar de hacerse de un inventario numeroso que satisfaga las necesidades del mercado. Estamos hablando de una especie de “vivienda media” valuada arriba de los dos millones y medio de pesos. A esto hay que sumarle la cantidad de jóvenes que han levantado la mano para comprar casa o departamento con la finalidad de independizarse, al haber vivido un largo período de confinamiento con sus padres o familiares sin mucha libertad o cierta percepción de invasión a su privacidad, lo que también representa un nicho de mercado importante para el sector inmobiliario. Esto es un llamado de alerta a las autoridades también, que se verán obligadas a agilizar sus permisos de construcción, la validación de los usos de suelo y todos los trámites necesarios para la edificación. Ni qué decir de los bancos y empresas financieras. El reto que tienen es enorme ante la poca formalidad de los empleados de empresas que se

 

han puesto más evidentes durante la era del Covid: el financiamiento es básico para poder acceder a viviendas cuyos precios ya no son ni de cerca lo que eran antes. Es esencial que los desarrolladores empiecen a generar unidades con valor agregado y que no solamente se midan en valor por metro cuadrado y es por eso que inmuebles con algún tipo de eficiencia energética, inclusión de seguridad o gadgets tecnológicos, diseños con materiales ecológicos o espacios abiertos, serán los nuevos factores de compra de cara a la era post pandemia.

Con una economía que amenaza con una caída en su Producto Interno Bruto de hasta dos dígitos, es posible encontrar viviendas usadas o incluso “viejas” que empiecen a ser consideradas por los compradores, pero vuelve el mismo dilema y es que lo barato sale caro: “remodelar” en estos días es prácticamente construir de nuevo, ya que los precios y los materiales tampoco están a los mismos precios que encontrábamos hace unos años en el mercado. Los compradores a la espera de “rebajas suculentas”, se están jugando al azar la posibilidad de re encontrarse en unos meses con la frustración de no haber comprado a tiempo y ahora sí, ver imposible por mucho más tiempo, su aspiración a adquirir vivienda. La alternativa para los compradores que ya están dispuestos a sacrificar Location For Price, es moverse fuera de la periferia, siendo el mejor momento para hacerlo en la actualidad.

De acuerdo a la Cámara Nacional de la Industria de Desarrollo y Promoción de Vivienda (2020) se espera cerrar el año con la colocación de 11,000 viviendas (ligeramente debajo de la proyección estimada a principios de año), pero la expectativa para 2021 es superar las 15,000 unidades… será muy de mala educación hablar de dinero, pero en este caso, mejor mal educados que perdidos en la realidad.

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